Ana María Álvarez: “Encontrar ese equilibrio entre legado y evolución”

19 March 2026|In LVDS

Ana María Álvarez Berraco es responsable de Procesos e Integraciones en Finout Servicios Financieros SL, una nueva etapa profesional que afronta tras más de 20 años como CEO de su propio despacho. Estudió Ciencias Biológicas y cursó un máster en Asesoría Fiscal y Tributación por el CEF, una combinación poco habitual que refleja bien su perfil: autodidacta, curiosa y en constante evolución. Apasionada por la tecnología y la psicología, aporta una visión transversal que conecta procesos, estrategia y conocimiento del negocio para impulsar una forma de trabajar más eficiente, humana e innovadora.

Tu historia está muy unida a la de tu familia. ¿Cuándo sentiste que ese legado también era tuyo?

En realidad, siempre lo he sentido como mío, porque forma parte de mi historia personal y familiar. He crecido viendo ese despacho muy de cerca, entendiendo el esfuerzo, la entrega y la cercanía con la que mis padres trabajaban. No era algo ajeno a mí, sino parte del entorno en el que me he formado y de los valores con los que he crecido.
Con los años, lo que cambió no fue el sentimiento de pertenencia, sino la conciencia de lo que significaba. Entendí que ese legado no consistía solo en continuar una actividad, sino en preservar una forma de trabajar y de estar cerca de las personas. Cuando comprendí eso, también asumí la responsabilidad de hacerlo evolucionar sin perder los valores que le daban sentido.

Pasaste de no querer el despacho “ni en pintura” a liderarlo. ¿Qué cambió en ti?

Lo que cambió fue mi mirada. Yo soy una persona creativa y, de entrada, esta no era una profesión que sintiera muy alineada conmigo. Durante mucho tiempo vi el despacho más desde la carga que desde la oportunidad.
Con los años empecé a entender que también podía ser un espacio para transformar, para hacer las cosas de otra manera y para aportar mi propia visión. Cuando lo vi así, dejó de ser una obligación y empezó a tener sentido para mí.

¿Qué valores de tu experiencia siguen más presentes hoy en tu forma de trabajar?

Sin duda, la perseverancia, la resiliencia, y la actitud.
Creo que, más allá del conocimiento técnico, la diferencia está muchas veces en cómo afrontas las cosas: con constancia, capacidad para sobreponerte, implicación y una voluntad real de aportar soluciones. Porque al final, este trabajo no va solo de números o de procesos, sino de entender a quien tienes delante y responder a la confianza que deposita en ti.

Tomar el relevo no debió ser fácil. ¿Cuál fue el mayor reto personal en ese proceso?

El mayor reto fue gestionar el cambio. Porque una cosa es crear un negocio desde cero, y otra muy distinta heredar una estructura ya hecha y tener que reinterpretarla, adaptarla a tu forma de verla y evolucionarla en un contexto que ha cambiado muchísimo en los últimos años.
El desafío estaba en no limitarme a mantener lo que había, sino en atreverme a transformarlo sin perder la esencia. Encontrar ese equilibrio entre legado y evolución fue, seguramente, la parte más exigente del proceso.

¿Por qué era este el momento adecuado para uniros a Finout?

Porque sentí que era el siguiente “pasar pantalla” del videojuego. Creo profundamente en el potencial de futuro que tiene nuestro sector y en todo lo que todavía se puede construir, pero también era consciente de que sola no podía llegar tan lejos. Ni por recursos humanos, ni por capacidad económica. Porque, el tamaño sí importa.
Además, esta decisión no surge de un día para otro. Llevo años compartiendo espacios con otros despachos, especialmente a través de la red internacional de asesorías Iustime, y eso me ha permitido conocer a personas y proyectos con una visión, una filosofía y unos valores muy alineados con los míos. Esa conexión y esa confianza han sido clave para dar el paso.
Unirnos a Finout significa evolucionar sin perder la esencia: proteger lo construido, darle continuidad al legado y llevarlo más lejos dentro de una estructura con más capacidad, más estabilidad y más futuro.